
El niño declama
su música alegre.
El tiempo que pasa
reclama a su mente.
El pan que le falta
El pan que le falta
y que otros tienen.
Algunos no saben
de su trajinar.
Recorre las calles
buscando, ¿qué cosas?.
Que al mundo negara
su hambre feroz.
Plazas sin sonrisas,
camas, sin colchón.
Una casa con padres
que cubran su tristeza
con algo de amor.
Un plato en la mesa,
unas zapatillas
que tengan cordón.
Medias gruesas
por el frío del alma,
quieto en un rincón.
Caricias que endulcen
su áspera piel, sin jabón.
Acaso una escuela
que enseñe a vivir,
que apague su sed,
que encienda una luz.
Dónde la tibieza
que cure el dolor
de su cuerpo enjuto.
Un grito callado
musitan sus labios.
Con hambre de afectos.
¿Crecer sin violencia?.
Dónde las promesas
golpeando en las puertas
que una y otra vez,
se cierran...
Sólo pido un Ángel
para que proteja
con inmensas alas
su andar de pobreza.
Y para los hombres,
bajar la cabeza,
si acaso no pueden
sus miseras riquezas,
paliar su silencio
de hambre y de protesta.
Ester-Colibrí






